Hagamos turismo

Los avatares de la vida diaria, cada vez nos vuelven más huraños, más distantes. La enfermedad social, el estrés, nos carcome, no solamente la salud, sino el espíritu, es allí que regresamos los ojos a un antídoto, turistear.

Palmira
Las cascadas de Palmira | Foto: A. C.

Acercarnos, aunque sea por unos momentos, a otros entornos nos permite cambiar la perspectiva, olvidar los problemas, reencontrarnos con nosotros y con nuestros seres queridos; si esos entornos son naturales, aún mejor. Esos lugares no tienen ruido, tienen sonido, sonido que apacigua el espíritu y nos regresa al ser.

A propósito de la pandemia y con las restricciones de movilidad propias de ella, surgió una opción que siempre estuvo ahí pero la habíamos soslayado, el turismo de cercanía. Visitar sitios geográficamente cercanos a nuestro hábitat y de fácil acceso, lugares llenos de verdor en los cuales podemos alcanzar el objetivo de volvernos a encontrar, de tranquilizar el espíritu y compartir con quienes amamos.

Nunca estará demás, la rica y variada gastronomía que no solamente nos llena de sabores sino de gratos recuerdos, todo ello, únicamente si nos decidimos a abandonar el ruido de la ciudad y aventurarnos en sitios naturales del cercano entorno. Hagamos turismo, enfrentemos nuestros propios retos y conozcamos lo que tenemos cerca y no hemos visto.

El turismo es más que una aventura, es una receta mágica para olvidar los problemas, superar el estrés y recuperar las sonrisas. Simplemente disfrutar.

Una chompa, una gorra, zapatos cómodos y estamos listo para llegar al lugar más bonito del mundo, seguro está a pocos kilómetros de tu casa, solamente está esperando que llegues, que te acerques y te apropies, porque si vas una vez, el riesgo es que quieras regresar.

Recuerda que el verde intenso y natural estimula las neuronas y las feromonas, ¿quieres una razón mejor para hacer turismo?

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